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Capítulo 2 "Su Primer Amor"

“Pero tengo esto contra ti:
que has dejado tu primer amor”
Apocalipsis 2:4

 

¿Ha dejado a su primer amor? ¿Entonces, quién es su primer amor? ¿Es acaso su esposo, su bebé, su novio, su mejor amiga; quién es realmente su primer amor? “El que ama al padre o a la madre más que a Mí, no es digno de Mí; y el que ama al hijo o a la hija más que a Mí, no es digno de Mí” (Mt. 10:37). La Escritura en Apocalipsis dice: “Pero tengo esto contra ti: que has dejado tu primer amor” (Ap. 2:4).

Trapo sucio. Pregúntese lo siguiente: ¿Las cosas que pongo primero en mi vida son de valor eterno? ¿Lo que hago hoy me ayudará a agrandar Su reino o traerme a una relación más íntima con mi Señor y Salvador? ¿Busco Su justicia? Recuerde, nuestra justicia es como trapos sucios. (Is. 64:6).

¿Qué nos está diciendo nuestro Señor? Él está diciendo que cada vez que ponemos a alguien o algo por delante de nuestro amor o nuestra relación con Él, no somos dignas de Su amor.

Busque primero. Debemos poner al Señor primero en nuestras prioridades; primero en nuestro día y primero en nuestro corazón. “Pero busquen primero Su reino y Su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas” (Mt. 6:33).

¿Qué ocurre cuando ponemos a alguien antes que al Señor? ¿Qué hace Él para atraernos nuevamente a una relación amorosa con Él? Algunas de nosotras pusimos a nuestros esposos primero, ¡y el Señor se llevó a nuestros esposos! “Has alejado de mí mis amistades, me has hecho objeto de repugnancia para ellos; encerrado estoy y no puedo salir. Has alejado de mí al compañero y al amigo; mis conocidos están en tinieblas” (Sal. 88:8, 18).

¿ Esto significa que no debemos ocuparnos de las necesidades de nuestro esposo? ¿Debemos tener la actitud de que “servimos al Señor, no a ti”? Dios tiene el balance perfecto que Él nos enseña en la siguiente Escritura para aquellas que están casadas: “Las mujeres estén sometidas a sus propios maridos como al Señor” (Ef. 5:22). Y también, “Mujeres, estén sujetas a sus maridos, como conviene en el Señor” (Col. 3:18). Nos sometemos a nuestros esposos porque amamos al Señor. Muchas veces nuestros esposos pueden no merecer nuestra sumisión devota; sin embargo, ¡nuestro Señor siempre merece la sumisión a Su Palabra!

Para que la Palabra de Dios no sea blasfemada. ¡El Señor incluso nos advierte que no obedecer o no honrar a nuestros esposos deshonrará, incluso blasfemará, al Señor y Su Palabra! El equilibrio es honrar al Señor obedeciendo y siendo sumisas a nuestros propios esposos. “... a someterse a sus esposos. Entonces no deshonrarán la palabra de Dios” (Tt. 2:5 NTV). “... sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada” (Tt. 2:5).

Agradar al Señor. Algunas mujeres cometen el error de tratar de agradar a sus maridos o novios enfocándose en darles placer. La Escritura es clara, debemos mantener nuestro enfoque y ojos en el Señor con el deseo de agradarle a Él. Entonces el Señor hará que tengamos el favor de nuestros esposos. Esto aliviará la carga que muchas de nosotras llevamos. Esta es nuestra promesa, “Cuando los caminos del hombre son agradables al Señor, aun a sus enemigos hace que estén en paz con él” (Pr. 16:7). “Engañosa es la gracia y vana la belleza, pero la mujer que teme al Señor, esa será alabada” (Pr. 30:31). “Pon tu delicia en el Señor, y Él te dará las peticiones de tu corazón” (Sal. 37:4). 

Obediencia en lugar de sacrificio

El obedecer es mejor que un sacrificio. “Entiende, el obedecer es mejor que un sacrificio, y el prestar atención, que la grasa de los carneros. Porque la rebelión es como el pecado de adivinación, y la desobediencia, como la iniquidad e idolatría. Por cuanto tú has desechado la palabra del Señor, Él también te ha desechado...” (1Sam. 15:22-23). “El hacer justicia y derecho es más deseado por el Señor que el sacrificio” (Pr. 21:3).

Testimonio: He visto a muchas mujeres que son “mártires”, y siempre tuve miedo de que yo también me convertiría en una. Ya que yo no sabía por qué o cómo otras mujeres se habían vuelto así, era posible que yo también cayera en la misma trampa. Y caí. Pero ahora he encontrado la respuesta –¡nosotras no obedecimos, nos sacrificamos!

Mi esposo me decía que “lo tomara con calma”, “descansara” o “lo dejara hasta mañana”, ¡pero yo no lo hacía! ¡Eso es rebelión! Yo lo justificaría diciendo “Él no sabe cuánto trabajo tengo que hacer”, o “Él no se da cuenta de lo que toma controlar esta casa, o cuidar de todos estos hijos”, o “¿Cómo puedo tomar una siesta? ¿Quién cuidará a los niños cuando esté dormida?”

Yo tenía razón: él no sabía –¡pero Dios sabía! Y Él es mi protección y la protección de mis hijos. Y Dios en Su soberanía ha colocado a su esposo (o madre y/o padre) por encima suyo para su protección. Dios ha colocado a nuestros esposos por encima de nosotras para nuestra protección física, emocional y espiritual, “Porque no hay autoridad sino de Dios, y las que existen, por Dios son constituidas. Porque los gobernantes no son motivo de temor... es para ti un ministro de Dios para bien” (Rom. 13:1-4). (Vea la lección 8, “Esposas, Estén Sujetas”, ya que “Mi pueblo es destruido por falta de conocimiento. Por cuanto tú has rechazado el conocimiento...” (Os. 4:6). Y para obtener más información sobre su esposo como su protector espiritual, vea la lección 9, “Creada Mujer" en la sección “El líder espiritual” ¡y no te pierdas el testimonio!) ¡El sacrificio, en lugar de la obediencia, me convirtió en mártir!

Su apariencia exterior. Muchas mujeres usan un velo para la cabeza, sólo faldas, u otra vestimenta modesta, pero ellas son rebeldes en sus corazones. ¡Aún si su apariencia externa engaña a otros para que crean que es sumisa o religiosa, el Señor conoce su corazón! “No mires a su apariencia... porque lo he desechado; pues Dios no ve como el hombre ve, pues el hombre mira la apariencia exterior, pero el Señor mira el corazón. (1Sam. 16:7) Nuestro ministerio acaba de recibir una llamada telefónica de una mujer que era dogmática sobre las mujeres que vestían ropa modesta (incluso educó en casa a sus hijos). Sin embargo, ella estaba cometiendo adulterio con un hombre casado. “Más engañoso que todo es el corazón, y sin remedio;¿Quién lo comprenderá?? (Jr. 17:9).

Hay una historia de un niño pequeño cuyo padre continuaba pidiéndole que se “sentara”. Finalmente el niñito se sentó y el padre sonrió. Pero el niño rápidamente exclamó, “Puedo estar sentado en el exterior, pero en el interior –¡estoy de pie!” Muchas veces estamos de pie en el interior. Muchas veces después de que hacemos lo correcto y llevamos a cabo el plan de nuestro esposo o hacemos lo que nuestros padres nos piden (si todavía sigue soltera) exclamamos, “¡pero no estoy de acuerdo!” Esta actitud, señoras, es rebelión.

Cosecharemos lo que hemos sembrado. Si era una rebelde con sus padres antes de casarse, probablemente usted se casó (o se casará) con un rebelde. (“Los rebeldes”, como dice Bill Gothard, “buscan a los de su propio tipo”. ¡Creo que es la manera de Dios asegurarse que usted se una en yugo igual!) Y tal vez su esposo se ha vuelto más rebelde con las cosas del Señor desde que se casó con él. Tal vez se rebela contra toda sabiduría sensata. Tal vez ha llevado la rebelión tan lejos como para rebelarse contra su compromiso de serle fiel, como es el caso de aquellas que están en la fe para que se restablezcan sus matrimonios.

Nada es imposible. Si su esposo se está rebelando contra el Señor, ¿qué hace entonces? Si es creyente, entonces comience a obedecer. “Porque el marido que no es creyente es santificado por medio de su mujer” (1Co. 7:14). Si, es cierto. Obedezca ahora y observe cómo el Señor santifica a su esposo. ¿Le parece extraño? ¿Parece imposible, porque “él es tan malo”? Es posible, porque son una sola carne. “Así que ya no son dos, sino una sola carne”. (Mt. 19:6). “Sin embargo, en el Señor, ni la mujer es independiente del hombre, ni el hombre independiente de la mujer” (1Co. 11:11). ¿Puede solo medio cuerpo ir hacia un lado y la otra mitad hacia el otro? Por lo tanto, querida hermana, tenga fe porque “sin fe es imposible agradar a Dios. Porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que Él existe, y que recompensa a los que lo buscan” (Hb. 11: 6).

El que anda irreprensible. Una vez que obedezca, Dios cambiará el corazón de su esposo. “Él lo dirige (el corazón) donde le place” (Pr. 21:1). Recuerde, solo “El que anda en integridad será salvo” (Pr. 28:18). Muchas mujeres dicen que no quieren obedecer a sus esposos; bueno, entonces, ¡no se sorprenda de que él tampoco obedezca a quien está sobre él! “Pero quiero que sepan que la cabeza de todo hombre es Cristo, y la cabeza de la mujer es el hombre, y la cabeza de Cristo es Dios” (1Co. 11:3). No dé la excusa de que su esposo no es cristiano, por lo tanto, no tiene que obedecerlo. Busque en las Escrituras esa excepción; no está ahí.

Sufriendo injustamente. Pero, ¿y si mi esposo es malo? “Siervos, estén sujetos a sus amos con todo respeto, no solo a los que son buenos y afables, sino también a los que son insoportables. Porque esto halla gracia, si por causa de la conciencia ante Dios, alguien sobrelleva penalidades sufriendo injustamente. Pues ¿qué mérito hay, si cuando ustedes pecan y son tratados con severidad lo soportan con paciencia? Pero si cuando hacen lo bueno sufren por ello y lo soportan con paciencia, esto halla gracia con Dios” (1Pe. 2:18-20). La Palabra continúa diciendo que tenemos un ejemplo en el Señor y en Su vida. Él nos pide que sigamos Sus pasos como veremos a continuación. (Si se encuentra en una situación abusiva, encontrará ayuda en la lección 4, “La Bondad está en su lengua”).

Si me amas

Bajo la Ley. Después de que ponga primero a Dios en su vida y empiece a obedecer a aquellos con autoridad sobre usted, entonces debe desechar la falsa doctrina que dice, “Soy salvo por gracia, entonces está BIEN pecar, porque no estoy más bajo la Ley”. Juntas, busquemos en las Escrituras la Verdad:

¿Sus hechos lo niegan a Él? “Profesan conocer a Dios, pero con sus hechos lo niegan, siendo abominables y desobedientes e inútiles para cualquier obra buena” (Tt. 1:16).

¿Hace lo que Su Palabra dice? “¿Por qué ustedes me llaman: “Señor, Señor”, y no hacen lo que Yo digo?” (Lc. 6:46).

¿Acaso continuaremos en pecado? “¿Qué diremos, entonces? ¿Continuaremos en pecado para que la gracia abunde? ¡De ningún modo! Nosotros, que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?” “¿Entonces qué? ¿Pecaremos porque no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia? ¡De ningún modo!” (Rom. 6:1-2, 15).

La fe sin obras está muerta. “¿De qué sirve, hermanos míos, si alguien dice que tiene fe, pero no tiene obras? ...Porque así como el cuerpo sin el espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta.” (St. 2:14, 26). Las buenas obras son los “frutos” de nuestra conversión. Ahora, pregúntese a sí misma:

¿Mis obras niegan que soy seguidora del Señor?

¿Me da la gracia una licencia para pecar?

Ya que soy creyente, ¿puedo no tener buenas obras en mi vida como fruto del amor por el Señor?

Confiésense sus pecados. Si usted encontró remordimiento de conciencia en estas preguntas, haga lo que dice la Escritura: “Por eso, confiésense unos a otros sus pecados, y oren unos por otros, para que sean sanados” (St. 5:16).

Jamás los conocí. Muchos creen que usted puede vivir de la manera que quiera y luego una vez que muere entrar al paraíso; ¿esto es cierto? “Muchos me dirán en aquel día: ‘Señor, Señor, ¿no profetizamos en Tu nombre, y en Tu nombre echamos fuera demonios, y en Tu nombre hicimos muchos milagros?’. Entonces les declararé: ‘Jamás los conocí; apártense de Mí, los que practican la iniquidad’” (Mt. 7:22-23).

Obediencia a Su Palabra

“La sabiduría clama en la calle; en las plazas alza su voz; clama en las esquinas de las calles concurridas; a la entrada de las puertas de la ciudad pronuncia sus discursos: “¿Hasta cuándo, oh simples, amaréis la simpleza, y los burladores se deleitarán en hacer burla, y los necios aborrecerán el conocimiento?  Volveos a mi reprensión: he aquí, derramaré mi espíritu sobre vosotros, os haré conocer mis palabras. Porque he llamado y habéis rehusado oír, he extendido mi mano y nadie ha hecho caso; habéis desatendido todo consejo mío, y no habéis deseado mi reprensión; también yo me reiré de vuestra calamidad, me burlaré cuando sobrevenga lo que teméis, cuando venga como tormenta lo que teméis, y vuestra calamidad sobrevenga como torbellino, cuando vengan sobre vosotros tribulación y angustia”.

“Entonces me invocarán, pero no responderé; me buscarán con diligencia, pero no me hallarán. Porque odiaron el conocimiento y no escogieron el temor del Señor; ni quisieron aceptar mi consejo, y despreciaron toda mi reprensión; comerán del fruto de su conducta, y de sus propias artimañas se hartarán. Porque el desvío de los simples los matará, y la complacencia de los necios los destruirá. Pero el que me escucha vivirá seguro, y descansará, sin temor al mal” (Pr. 1:20-33).

La obediencia viene del corazón. “…se hicieron obedientes de corazón a aquella forma de doctrina a la que fueron entregados” (Rom. 6:17). Y de nuevo, “…porque Dios no ve como el hombre ve, pues el hombre mira la apariencia exterior, pero el Señor mira el corazón” (1Sam. 16:7).

La obediencia necesita pruebas. “Amados, no se sorprendan del fuego de prueba que en medio de ustedes ha venido para probarlos” (1Pe. 4:12).

La obediencia purifica su alma. “Puesto que en obediencia a la verdad ustedes han purificado sus almas”(1Pe. 1:22).

La obediencia da testimonio de Quien es su Padre. “Obedézcanme. Así yo seré su Dios, y ustedes serán mi pueblo. Condúzcanse conforme a todo lo que yo les ordene, a fin de que les vaya bien. Pero ellos no me obedecieron ni me prestaron atención, sino que siguieron los consejos de su terco y malvado corazón. Fue así como, en vez de avanzar, retrocedieron.” (Jr. 7:23-24 NVI).

Su desobediencia en realidad alaba al malvado. “Los que abandonan la ley alaban a los malvados; los que la obedecen luchan contra ellos” (Pr. 28:4).

Las oraciones de los desobedientes no son escuchadas. “Al que aparta su oído para no oír la ley, su oración también es abominación” (Pr. 28:9).

Nuestro ejemplo es Cristo

Él fue obediente hasta la muerte. “se humilló Él mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”  (Flp. 2:5-11).

Aprendió obediencia. “Aunque era Hijo, aprendió obediencia por lo que padeció” (Hb. 5:7-10).

Él fue obediente y se sometió a Su autoridad. “Padre Mío, si es posible, que pase de Mí esta copa; pero no sea como Yo quiero, sino como Tú quieras… Padre Mío, si esta copa no puede pasar sin que Yo la beba, hágase Tu voluntad” (Mt. 26:39, 42).

Debemos someternos a la autoridad. “Las mujeres estén sometidas a sus propios maridos como al Señor... así como la iglesia está sujeta a Cristo, también las mujeres deben estarlo a sus maridos en todo” (Ef. 5:22-24). “Porque no hay autoridad sino de Dios, y las que existen, por Dios son constituidas” (Rom. 13:1).

El secreto del éxito. “Todas las sendas del Señor son misericordia y verdad para aquellos que guardan su pacto y sus testimonios. Oh Señor, por amor de tu nombre, perdona mi iniquidad, porque es grande. ¿Quién es el hombre que teme al Señor? Él le instruirá en el camino que debe escoger. En prosperidad habitará su alma, y su descendencia poseerá la tierra. Los secretos del Señor son para los que le temen.” (Sal. 25:10-15).

Condenado a sí mismo. Desafortunadamente, la mayoría disputan o discuten el verdadero significado de las enseñanzas del Señor –lo cual Dios dice que es para su propia destrucción. “Pero evita controversias necias, genealogías, contiendas y discusiones acerca de la ley, porque son sin provecho y sin valor. Al hombre que cause divisiones, después de la primera y segunda amonestación, recházalo, sabiendo que el tal es perverso y está pecando, habiéndose condenado a sí mismo.” (Tt. 3:9-11).

Se volverán a mitos. En lugar de buscar la Verdad, ellos quieren que otros estén de acuerdo con sus ideas o decisiones equivocadas. “sino que teniendo comezón de oídos, conforme a sus propios deseos, acumularán para sí maestros, y apartarán sus oídos de la verdad, y se volverán a los mitos” (2Tim. 4:3-4).

Para él es necedad. Usted puede estar teniendo problemas entendiendo todo lo que las Escrituras dicen, pero le garantizo que nunca las entenderá hasta que primero las obedezca. “Pero el hombre natural no acepta las cosas del Espíritu de Dios, porque para él son necedad; y no las puede entender, porque se disciernen espiritualmente. En cambio, el que es espiritual juzga todas las cosas...” (1Co. 2:14-15).

Andad por el Espíritu. “Pondré dentro de ustedes Mi espíritu y haré que anden en Mis estatutos, y que cumplan cuidadosamente Mis ordenanzas” (Ez. 36:27). “Digo pues; anden por el Espíritu, y no cumplirán el deseo de la carne.” (Ga. 5:16) “Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu” (Ga. 5:25).

Sea auto-disciplinada en su obediencia a Su Palabra. “No seáis como el caballo o como el mulo, que no tienen entendimiento; cuyos arreos incluyen bocado y freno para sujetarlos, porque si no, no se acercan a ti.” (Sal. 32:9).

Obediencia para ser libradas de nuestras pruebas

Recuerde que solo los íntegros serán salvados. “El que anda en integridad será salvo, pero el que es de camino torcido caerá de repente” (Pr. 28:18).

Dios observa y bendice lo que usted hace. “Tú pagas al hombre conforme a sus obras” (Sal. 62:12).

Cuida tu insensatez. “Pero que no vuelvan ellos a la insensatez. Ciertamente cercana está Su salvación para los que le temen” (Sal. 85:8-9).

La sabiduría es necesaria. “pero el que anda con sabiduría será librado” (Pr. 28:26).

Oír y temer. “El que desprecia la palabra pagará por ello, pero el que teme el mandamiento será recompensado (Pr. 13:13).

Busca y sigue la sabiduría. “El que confía en su propio corazón es un necio, pero el que anda con sabiduría será librado” (Pr. 28:26).

Si no obedece, Él la disciplinará. “El Señor me ha reprendido severamente, pero no me ha entregado a la muerte. No moriré, sino que viviré, y contaré las obras del Señor” (Sal. 118: 18, 17).

Dios es fiel a Su Palabra. “Si sus hijos abandonan mi ley y no andan en mis juicios, si violan mis estatutos y no guardan mis mandamientos, entonces castigaré con vara su trasgresión, y con azotes su iniquidad” (Sal. 89:30-32).

Inclinemos todas nuestras cabezas y oremos el Salmo 51 en voz alta. “Lávame por completo de mi maldad, y límpiame de mi pecado. Porque yo reconozco mis transgresiones, y mi pecado está siempre delante de mí.  Contra ti, contra ti sólo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos. Crea en mí un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí. No quites de mí tu Santo Espíritu. Restitúyeme el gozo de tu salvación y sosténme con un espíritu de poder. Entonces enseñaré a los transgresores tus caminos, y los pecadores se convertirán a ti. Los sacrificios de Dios son el espíritu contrito; al corazón contrito y humillado, oh Dios, no despreciarás”.

¡Que Dios esté con usted mientras se esfuerza en ser más como Cristo!

Compromiso personal poner al Señor primero en mi vida: “Basado en lo que he aprendido en las Escrituras, me comprometo a hacer todo como si lo hiciera “para el Señor”. Le enseñaré al Señor, y a otros, mi compromiso con Él por medio de mi obediencia a Su Palabra, y específicamente, por mi sumisión a mi esposo”.

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